A pesar de sufrir una terrible pérdida familiar, el jockey igual cumplió sus compromisos y realizó una hazaña en el hipódromo de avenida Los Castaños.


La partida de un familiar siempre es algo que te rompe el corazón en mil pedazos, donde llorar está permitido y olvidarse del mundo es una opción. Sin embargo, hay personas valientes que a pesar de recibir duros golpes en la vida salen adelante rápidamente y buscan la manera de homenajear a sus seres queridos que ya partieron de este mundo.

Así sucedió con el jinete Rodrigo Cortés, quien ha vivido la semana más triste de su vida al enterarse del fallecimiento de su abuela por el COVID-19, el miércoles pasado.

A pesar de la situación, el jockey se armó de valor y tomó una drástica decisión: cumplir de todas maneras con sus montas en las reuniones hípicas del jueves y sábado pasado del Valparaíso Sporting, tal como lo hubiese deseado su abuela Celinda Rojas, quien le inculcó siempre el sentido de la responsabilidad y de la búsqueda de la felicidad.

En la reunión del jueves, el jockey no logró la victoria en ninguna de sus seis montas. Sin embargo, el sábado ocurriría su emotiva revancha. En la última carrera del programa y al mando del ejemplar «Tito El Grande», el jinete dió el golpe a la cátedra y se llevó el triunfo pagando la cifra de $53.2 pesos a ganador.

Al momento de ser enfocado por las cámaras del Sporting, el jinete elevó su mirada y brazo derecho al cielo, recordando y homenajeando a su abuelita.

Rodrigo Cortés relató al diario La Estrella de Valparaíso que «el miércoles en la tarde ya me venía a Viña cuando me llama mi hermano y me avisa que la iban a conectar a un ventilador artificial porque fue súper rápido. En la mañana empezó con problemas respiratorios, en la tarde la iban a conectar como a las 4, pero llegando yo a Viña me llaman de nuevo a las 7 y me dicen que mi abuelita había fallecido».

El jinete no asistió al funeral por temas de protocolo, ya que según él, «no podía entrar mucha gente y aparte como la hípica está recién volviendo, era un poco irresponsable ir al funeral de mi abuela si ella murió por COVID-19, viento todas las medidas de seguridad que se han implementado en el Sporting», explicó.

Al ser consultado por las motivaciones que tuvo para correr con todo ese dolor acumulado, Cortés señaló que «lo hice igual y tras la última carrera me subí al auto y ahí me solté. Me pusé a llorar y boté todo lo que tenía que botar».

Finalmente, el jockey explicó que «ella me inculcó ser responsable, que no tenía que faltar al colegio, que no podía acostarme tarde si al otro día tenía que ir a trabajar y, por ello siento que no hubiese sido digno de ella el dejar mis cosas botadas y no competir».



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